En el corazón, literalmente, cada milímetro cuenta. Cuando la raíz aórtica —la porción inicial de la gran arteria que lleva la sangre del corazón al resto del cuerpo— se dilata o enferma, la vida puede estar en riesgo.
En esos casos, una de las cirugías más efectivas y consolidadas es el procedimiento de Bentall, una intervención que combina precisión quirúrgica, conocimiento anatómico y tecnología avanzada para reparar o reemplazar la raíz aórtica y la válvula aórtica.
La raíz aórtica es la porción inicial de la aorta que nace directamente del ventrículo izquierdo. Está compuesta por tres estructuras principales:
Anillo aórtico: el punto más estrecho, donde se asienta la válvula aórtica.
Senos de Valsalva: tres dilataciones naturales que se encuentran justo por encima de la válvula, de donde nacen las arterias coronarias derecha e izquierda.
Unión sinotubular: el punto donde los senos se estrechan nuevamente y se continúa con la aorta ascendente.
La relación geométrica entre estos segmentos permite que la válvula aórtica funcione correctamente. Cuando uno se dilata, la válvula pierde su forma, provocando insuficiencia aórtica y sobrecarga del ventrículo izquierdo.
Las medidas normales varían según el sexo, talla y superficie corporal, pero los valores promedio en adultos son:
| Segmento anatómico | Diámetro normal (mm) | Aneurisma / anormal (> mm) |
|---|---|---|
| Anillo aórtico | 20–26 | >28–30 |
| Senos de Valsalva | 29–37 | >40 |
| Unión sinotubular | 25–33 | >38–40 |
| Aorta ascendente proximal | 28–36 | >45 (riesgo quirúrgico >50–55) |
Cuando la raíz aórtica supera los 45–50 mm, o incluso menos en pacientes con síndrome de Marfan, válvula bicúspide o historia familiar de disección, la cirugía temprana es la mejor opción, ya que el riesgo de complicaciones en este grupo de pacientes es mayor, incluso pudiendo ocurrir en diámetros normales de la aorta.
Un aneurisma no corregido puede evolucionar silenciosamente durante años, pero las consecuencias pueden ser devastadoras:
Disección aórtica aguda: ruptura interna de la pared aórtica, con riesgo inmediato de muerte.
Rotura franca: sangrado masivo hacia el tórax o el pericardio.
Insuficiencia aórtica severa: la válvula deja de sellar y el corazón se agranda progresivamente hasta causar falla cardiaca.
Compresión de estructuras vecinas: como la arteria pulmonar o la vena cava superior.
La mortalidad de una disección aórtica no tratada aumenta 1% por hora durante las primeras 48 horas, de ahí la importancia del diagnóstico precoz y la cirugía oportuna.
Uno de los mayores desafíos de los aneurismas de la raíz aórtica es que pueden crecer en silencio durante años sin producir síntomas. La mayoría se descubren de forma accidental, durante estudios de imagen realizados por otros motivos, como un ecocardiograma de rutina, una tomografía o una resonancia.
Cuando aparecen síntomas, suelen deberse a la dilatación progresiva de la raíz o a la insuficiencia de la válvula aórticaque esta genera. Los más frecuentes son:
Fatiga o falta de aire (disnea), especialmente durante el esfuerzo.
Dolor torácico sordo o persistente, localizado en la parte superior del pecho o la espalda.
Palpitaciones o sensación de “latidos fuertes” en el tórax.
Soplo cardíaco nuevo, detectado por el médico durante la auscultación.
En casos avanzados, hinchazón de pies o tobillos, mareos o desmayos.
Los síntomas de disección aórtica aguda —el desgarro súbito de la pared de la aorta— incluyen un dolor intenso y punzante en el pecho o la espalda, que el paciente describe como “desgarrador” o “migrante”. Este es un cuadro de urgencia vital que requiere atención inmediata.
El diagnóstico se realiza mediante estudios de imagen que permiten medir con precisión el diámetro de la raíz y evaluar la función valvular:
Ecocardiograma transtorácico:
Es el estudio inicial más común. Permite visualizar el tamaño de la raíz, la válvula aórtica y la función del ventrículo izquierdo.
Ideal para seguimiento periódico.
Puede subestimar el tamaño si la aorta es muy grande o el paciente tiene tórax ancho.
Se usa para planear la cirugía y definir el tipo de injerto necesario.
Tomografía computarizada (Angio-TAC):
Considerada el estándar de referencia para medir aneurismas. Ofrece imágenes tridimensionales precisas de toda la aorta, desde la raíz hasta la porción descendente.
Ecocardiograma transesofágico:
Se usa en casos donde el ecocardiograma transtorácico no es concluyente o durante la cirugía para confirmar los resultados.
En pacientes con factores de riesgo (válvula bicúspide, síndrome de Marfan, antecedentes familiares de disección, hipertensión o tabaquismo), se recomienda realizar un ecocardiograma anual o cada dos años.
Detectar un aneurisma antes de que alcance el umbral quirúrgico es fundamental: la cirugía electiva tiene un riesgo 10 veces menor que una operación de urgencia.
El procedimiento de Bentall sustituye en un solo bloque la válvula aórtica, la raíz aórtica y el segmento inicial de la aorta ascendente, además de reimplantar las arterias coronarias.
El injerto puede ser:
Mecánico: mayor durabilidad, pero requiere anticoagulación de por vida.
Biológico: evita anticoagulación crónica, pero tiene una vida útil promedio de 12–18 años.
Valoración completa: consulta con el cirujano y el cardiólogo, análisis de sangre, electrocardiograma y estudios de imagen (eco, TAC o resonancia) para medir con precisión la raíz aórtica.
Medicamentos y ayuno: te indicarán qué medicamentos suspender (por ejemplo, anticoagulantes) y desde cuándo no comer ni beber.
Ingreso y marcaje: al llegar al hospital, el equipo confirma tu identidad, alergias y plan anestésico. Conoces a tu anestesiólogo y firmas el consentimiento informado.
Anestesia general: duermes profundamente; no sentirás dolor ni recordarás la cirugía.
Monitoreo avanzado: se colocan líneas y sensores para vigilar corazón, presión arterial, respiración y función cerebral.
Campo estéril: se desinfecta el tórax y se cubre con paños estériles.
Esternotomía: puede ser completa (apertura del esternón de arriba abajo) o mini esternotomía (incisión parcial en “J” o “T invertida” en el tercio superior).
La mini esternotomía busca menor dolor, menor sangrado y una cicatriz más corta, cuando la anatomía y el caso lo permiten.
Se conecta temporalmente el cuerpo a una máquina de circulación extracorpórea, que hace el trabajo del corazón y los pulmones mientras el cirujano repara la aorta.
Esto permite trabajar sin sangre en el campo y con el corazón quieto, lo que mejora la precisión.
Se administra una solución especial fría (cardioplejía) que “pone a descansar” el corazón y lo protege mientras está detenido.
El cirujano abre la aorta en su parte inicial y evalúa la válvula aórtica y los senos de Valsalva (la zona dilatada).
Se decide si se reemplaza la válvula por una prótesis mecánica o biológica (según lo acordado contigo antes de la cirugía).
Se retira la raíz aórtica dilatada y la válvula enferma (si corresponde).
Se crean dos pequeños “botones coronarios”: son las boquitas donde nacen las arterias coronarias (derecha e izquierda) para reimplantarlas después sin tensión.
Se toma un injerto de dacrón (un tubo resistente) que ya trae dentro una válvula nueva (mecánica o biológica).
Piensa en ello como cambiar un tramo inicial de tubería y su válvula principal, por una pieza nueva y segura.
Fijación al anillo aórtico: el extremo inferior del injerto se cose o sutura a la base donde se asentaba la válvula original.
Reimplante de las coronarias: los dos “botones” coronarios se suturan a pequeñas ventanas hechas en el injerto para que la sangre vuelva a fluir hacia el propio corazón.
Unión con la aorta ascendente: el extremo superior del injerto se conecta a la aorta sana, más arriba del área dañada.
En algunos casos especiales, si la coronaria queda tensa o la pared es frágil, se usa una pequeña extensión(técnica de Cabrol) para conectarla de forma segura.
Se elimina el aire dentro del sistema (desaireación) para evitar burbujas.
Se revisa que no haya fugas y que la válvula nueva cierre y abra bien.
Se recalienta el cuerpo a su temperatura normal.
El corazón vuelve a latir y se retira poco a poco la máquina corazón-pulmón.
Se colocan drenajes para evitar acumulación de sangre o líquido.
El esternón se cierra con alambres especiales y la piel con suturas o grapas.
Pasas a Terapia Intensiva 24–48 h (varía según evolución): control del dolor, presión arterial y ritmo cardíaco.
Luego a piso de hospital: caminatas tempranas, respiraciones profundas con un espirómetro y ajustes de medicamentos.
El alta suele ser alrededor de 5–7 días si todo va bien.
Técnica de Cabrol: usa un pequeño injerto interpuesto para reconectar las coronarias cuando la reimplantación directa es difícil.
Procedimiento de David o Yacoub (reimplante valvular): conserva la válvula nativa si está estructuralmente sana.
Procedimiento de Ross: la válvula pulmonar del paciente reemplaza la válvula aórtica, proporcionando una opción completamente biológica.
Cada variante busca personalizar la cirugía según la edad, la anatomía y el estilo de vida del paciente.
En los últimos años, varios centros especializados han adoptado el procedimiento de Bentall por mini esternotomíacomo una alternativa menos invasiva al abordaje tradicional.
La mini esternotomía implica realizar una incisión parcial del esternón (en forma de “J” o “T invertida”), generalmente limitada al tercio superior del hueso. Esto permite acceder al corazón y a la raíz aórtica con la misma seguridad, pero con menor trauma quirúrgico.
Menor sangrado intraoperatorio y menor necesidad de transfusiones.
Recuperación más rápida, con menor dolor postoperatorio.
Mejor resultado estético, con una cicatriz más corta y discreta.
Menor riesgo de infección esternal, especialmente en pacientes con diabetes u obesidad.
Reducción del tiempo de hospitalización, en promedio 1 a 2 días menos que la esternotomía completa.
Los estudios recientes muestran que el Bentall por mini esternotomía tiene resultados equivalentes en seguridad y durabilidad, sin aumento en tiempos de pinzamiento aórtico ni en complicaciones.
En centros con experiencia, esta técnica logra excelente exposición quirúrgica, manteniendo la precisión del reimplante coronario y la calidad de la reconstrucción.
Requiere alta especialización del equipo quirúrgico.
No siempre es recomendable en casos de disección aguda o aneurismas muy extensos.
Puede prolongar ligeramente el tiempo quirúrgico en la curva de aprendizaje.
En pacientes cuidadosamente seleccionados, la mini esternotomía representa una opción moderna, segura y estética, alineada con la tendencia hacia la cirugía cardíaca mínimamente invasiva.
En casos seleccionados pueden considerarse:
Reparación valvular aislada, si la raíz está intacta.
Reemplazo valvular simple, cuando no hay dilatación significativa.
Implante transcatéter (TAVI), indicado solo en pacientes de muy alto riesgo quirúrgico, aunque no corrige aneurismas.
El tratamiento siempre debe decidirse en un Heart Team, combinando la experiencia de cirujanos, cardiólogos e imagenólogos.
Aunque se trata de una cirugía mayor, los resultados actuales son muy favorables. Entre los riesgos se incluyen:
Sangrado o necesidad de reoperación.
Complicaciones neurológicas (EVC).
Falla cardíaca temporal o disfunción protésica.
En centros de alta especialización, la mortalidad quirúrgica ronda 2–5%, con tasas de éxito superiores al 95%.
El procedimiento de Bentall ofrece una supervivencia excelente a largo plazo, con una expectativa de vida cercana a la población general cuando se realiza de forma preventiva.
Durabilidad: los injertos valvulados mecánicos pueden durar toda la vida; los biológicos, entre 12 y 20 años, dependiendo de la edad y el metabolismo del paciente.
Función cardíaca: la mayoría recupera una fracción de eyección normal y vuelve a una vida completamente activa.
Seguimiento: se recomiendan estudios ecocardiográficos anuales y control estricto de la presión arterial para prevenir dilataciones residuales en otros segmentos de la aorta.
Gracias a los avances actuales, las reintervenciones tras un Bentall son poco frecuentes, pero pueden ser necesarias en ciertos escenarios:
Degeneración de una prótesis biológica: hoy en día, puede resolverse sin reoperar el tórax, mediante un procedimiento Valve-in-Valve por catéter (TAVI dentro del injerto previo).
Aneurisma en la aorta ascendente o arco aórtico residual: puede requerir una nueva cirugía o reparación híbrida con endoprótesis.
Infección protésica (endocarditis tardía): aunque rara, puede exigir recambio completo del injerto.
Las reoperaciones actuales son más seguras gracias al uso de técnicas mínimamente invasivas, circulación extracorpórea avanzada y monitoreo cerebral continuo, con mortalidad menor al 5–8% en centros experimentados.
El procedimiento de Bentall es una de las grandes conquistas de la cirugía cardíaca moderna: reconstruye la raíz de la vida con precisión milimétrica y una visión integral del paciente.
Gracias a la experiencia acumulada y al trabajo de los equipos especializados, hoy un aneurisma de raíz aórtica ya no es una sentencia, sino una condición tratable con resultados excelentes y una proyección de vida plena. Resulta de vital importancia, el diagnóstico oportuno, así como su tratamiento en centros de alta especialidad que tengan experiencia en este tipo de procedimientos.
Si deseas mas información respecto a tu caso en particular, recuerda que puedes solicitar una video consulta en nuestra página de Contacto.
Dr. Alejandro Molina Romo
Fundador de Cirugía de Corazón